Ahora que el señor Elon Musk ya lleva un par de lanzamientos de sus poderosos Falcon, estamos acostumbrados a ver en los cielos de la zona de California esa estela que deja en forma de ojo gigante mientras asciende al espacio.

Dentro de lo espectacular ya es un evento que no es tan inusual y ya no nos asusta… bueno, alguno de nuestros seguidores aún nos siguen reportando aterrorizados, grabaciones cada vez que SpaceX lanza un cohete.

La historia que nos trae hoy aquí sí que la podemos enmarcar dentro de un marco inusual y extremamente espectacular. Tal y como pudisteis comprobar en la imagen de la entrada, esa espectacular estela que suele dejar los Falcon ya fue fotografiada alguna vez en el pasado; y no en un pasado cercano: nada más y nada menos que en 1937, cuando aún no existían cohetes, drones ni cualquier cosa que se puedan sacar los aspirantes a desacreditadores oficiales de los eventos OVNI.

Leonard Lamoureux, un soldado canadiense de 21 años, estaba disfrutando de un permiso de Navidad visitando el Ayuntamiento de Vancouver cuando sacó su cámara fotográfica para sacar una captura de la espectacular exhibición de luces que rodeaban el edificio.

En el momento en que estaba enfocando, él y su hermano fueron testigos de como una “brillante luz azul muy grande”, según palabras textuales de los dos protagonistas, iba cruzando de lado a lado el firmamento haciéndose cada vez más grande, hasta tal punto que lograron ver el núcleo de la misteriosa luz que describieron como “dos platillos” con los extremos abiertos uno frente al otro, con una poderosa luz azul.

En el momento que pareció que se quedó parado en el aire y, aprovechando que Leonard tenía la cámara lista para sacar la foto, no se lo pensó más veces e inmortalizó el momento con esta espectacular imagen que pasará a los anales de la ufología como uno de los avistamientos más longevos del que se tiene constancia.

Esta historia, la relata a día de hoy la hija del protagonista, Debra DeCamillis, y señala lo increíblemente emocionado que su padre parecía cada vez que contaba la historia, la cual, contó miles de veces a todo aquel que tuviera un minuto para escucharle y para ver la fotografía que enseñaba lleno de orgullo.

Deborah afirma que, aunque la cámara no era muy sofisticada, sí es cierto que estaba en un trípode y con una exposición media/alta ya que su padre estaba intentando hacer una fotografía en plena noche, por eso no se ve claramente lo que iba dentro de esa misteriosa luz, pero según solía afirmar su padre: “Era el objeto más espectacular y rápido que vi en mi vida”.

Solo decir que en 1937 aún no había constancia de ningún avistamiento OVNI de forma generalizada y la “moda” de los OVNI en forma de platillo no se dio hasta una década después con el suceso de Roswell.

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