Dicen que las coincidencias no existen, sino que son actos premeditados perfectamente planeados. Pues hoy vamos a demostrar que no siempre es así. La historia de estas dos fotos, tomadas al mismo sitio y justo en el mismo momento fueron realizadas por dos personas diferentes, aunque te cueste creerlo.

Eric Gendron

Ron Risman y Eric Gendron son dos fotógrafos que decidieron realizar una romántica instantánea al faro de Whaleback, en New Hampshire. Lo más sorprendente de este caso no fue que decidieran hacer la foto el mismo día, al mismo sitio y en el mismo instante, no; Ni Risman ni Gendron se llegaron a ver ese día, aunque estaban a menos de 30 metros el uno del otro.

Lo primero que se te viene a la cabeza cuando ves estas dos instantáneas es que uno se la robó al otro, independientemente del orden, claro que las dos, en cuanto a filtros y postproducción tienen algunas diferencias, pero, sí puede observarse, gracias a la forma de la ola rompiendo en el faro que los dos fotógrafos hicieron ‘clic’ en el botón de la cámara en la misma milésima de segundo que determinó toda la alma de la foto.

Los expertos aseguran que esto es algo inusual ya que, aunque estas dos personas se hubiesen visto y acordado hacer la foto al mismo tiempo, no hubieran salido así de perfectas, o casi perfectas porque, después de analizar detenidamente las fotos, se pueden comenzar a ver las diferencias entre una y otra:

Ron Risman

La primera y la más importante, no tiene nada que ver con la diferencia en la representación sino en la calidad de las mismas. Ron Risman, utilizó para su foto una cámara Canon 5D Mark IV y Gendron una Canon 60D, y eso se ve en la iluminación y el enfoque de las mismas. Una es más nítida y otra está más iluminada.

En cuanto a las diferencias en los elementos dentro de la fotografía, los más destacables se presentan en la parte superior izquierda de las olas que se ven en el mar. Estas son las únicas diferencias que pudieron a Risman defenderse de los ataques de algunos comentarios en Facebook que lo acusaban de haber robado la foto y agenciársela para sí mismo.

Y por último, aunque no por ello menos sorprendente, de todas las tomas que hicieron ambos fotógrafos, fue esta la que seleccionaron los dos para presentarlas en los diferentes sitios a los que estaban destinadas.

Increíble casualidad, ¿verdad?

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